Salud

Glándulas anales del perro: por qué arrastra el trasero

Tu perro arrastra el trasero por el suelo y crees que son lombrices. Casi siempre son las glándulas anales: cómo distinguirlo y qué hacer.

Por Equipo Experto en Mascotas Actualizado el 7 de agosto de 2026 8 min de lectura

Si tu perro arrastra el trasero por el suelo, casi todo el mundo piensa que tiene lombrices. En realidad, la causa más frecuente son las glándulas anales: dos pequeños sacos junto al ano que se llenan, se irritan y le provocan una molestia que solo alivia frotándose contra el piso.

El dueño desparasita, el perro sigue arrastrándose y el problema real sigue ahí. Entender qué son estas glándulas y cuándo ir al veterinario te ahorra semanas de intentos inútiles.

Qué son las glándulas anales y para qué sirven

Son dos bolsitas pequeñas a los lados del ano, en la posición de las cuatro y las ocho del reloj. Cada una produce una secreción aceitosa de olor muy fuerte, que casi todos describen como olor a pescado.

Esa secreción no es un desecho: es una marca de identidad, una firma química que dice a otros perros quién pasó por ahí. Por eso se olfatean la parte de atrás al saludarse, y por eso un perro muy asustado suelta de golpe un olor penetrante.

En condiciones normales no hay que hacer nada con ellas. Los conductos drenan justo dentro del ano, y la presión de unas heces firmes al pasar basta para vaciarlas en cada deposición. El sistema funciona solo. El problema empieza cuando esa presión deja de existir.

Por qué se llenan o se impactan

La causa número uno son las heces blandas de forma crónica. Si tu perro lleva meses haciendo popó pastosa, esas heces no ejercen presión suficiente: la secreción se acumula, se espesa y tapona la salida. Por eso, en un perro con diarrea recurrente o heces siempre blandas, el problema suele ser una consecuencia, no una casualidad.

El sobrepeso es el segundo factor: la grasa alrededor del ano cambia la anatomía de la zona y dificulta el drenaje. En perros con obesidad, el problema aparece antes y se repite más.

Las alergias y los problemas de piel también pesan: la inflamación alérgica estrecha los conductos de drenaje. Un perro que además se rasca mucho o tiene otitis de repetición probablemente tenga una alergia de fondo alimentando las dos cosas.

Se suman una dieta pobre en fibra y una predisposición individual que no depende de ti: las razas pequeñas aparecen mucho más en consulta, y algunos perros nacen con conductos más estrechos.

Señales de que las glándulas están dando problema

El arrastre es el signo estrella, pero rara vez viene solo.

SeñalQué suele indicarQué hacer
Arrastra el trasero por el sueloGlándulas llenas o irritadasAnota la frecuencia y consulta si se repite
Se lame o muerde el ano y la base de la colaMolestia local persistenteRevisión veterinaria
Gira de golpe hacia atrás, como si le picaraPunzada de dolor en la zonaConsulta pronto
Olor fuerte y desagradable a pescadoSecreción acumulada o goteoRevisión; no se quita bañándolo
Le cuesta defecar o se queja al hacerloGlándula impactada o inflamadaConsulta el mismo día
Hinchazón o enrojecimiento junto al anoInfección o absceso en formaciónUrgencia veterinaria

Lo que más orienta no es el síntoma aislado, sino la insistencia: un arrastre puntual puede no significar nada; uno que se repite varios días seguidos, sí.

Arrastrar el trasero no siempre son las glándulas

Arrastrarse solo significa “me molesta ahí atrás”, y hay varias cosas que lo provocan. Distinguirlas evita tratar durante meses lo que no es.

Causa posibleCómo se distingue
Glándulas analesArrastre insistente, olor a pescado, lamido de la base de la cola
Parásitos intestinalesCon heces blandas, pelaje opaco, adelgazamiento o segmentos en la popó
Alergia o dermatitisTambién se rasca patas, orejas o ingle; piel roja en varias zonas
Restos de heces o pelo enredadoSe ve al levantar la cola; frecuente en perros de pelo largo
Cuerpo extraño (espiga, hierba, hilo)Inicio brusco en un perro que nunca lo hacía
Herida o piel irritada alrededor del anoZona roja, húmeda o con costras, dolor al tocar

Por qué desparasitar “por si acaso” no resuelve nada

Desparasitar es importante y debe hacerse con la periodicidad que indique el veterinario, igual que con la desparasitación del cachorro. Pero no vacía unas glándulas taponadas, no desinflama un conducto ni controla una alergia.

En la práctica: se da el desparasitante, el perro sigue arrastrándose, se asume que “tiene muchas lombrices” y se repite. Mientras tanto la glándula sigue llenándose y acercándose a infectarse. Ese tiempo perdido es el costo real.

Qué pasa si no se atiende: de glándula llena a absceso

La progresión es predecible, y cuanto antes se corte, mejor.

Primero la glándula está llena: incomoda, pica y el perro se arrastra, pero todo sigue funcionando. Si la secreción se espesa y tapona el conducto, pasa a estar impactada: ya no sale sola y aparece dolor.

Con el contenido estancado, las bacterias encuentran un medio ideal y la glándula se infecta: hay inflamación, calor y dolor al tocar. Si avanza, se forma un absceso, una acumulación de pus que hincha un lado del ano y puede abrirse y drenar sola a través de la piel, dejando una herida que sangra y supura.

Un absceso duele de verdad y no se resuelve en casa: necesita atención veterinaria para drenarlo y tratar la infección.

Por qué no deberías exprimírselas tú

Esta es la parte más importante, y va en contra de mucho de lo que circula por internet.

Vaciar las glándulas exige localizar cada saco por dentro del recto y aplicar presión en una dirección concreta: es una técnica interna, sobre un tejido delicado, que el veterinario aprende a hacer. Cuando se aprieta desde fuera, sin saber qué se comprime, lo habitual es no vaciarlas del todo, machacar el tejido de alrededor y provocar inflamación.

Esa inflamación repetida es la que hace daño: cicatriza, estrecha aún más los conductos y convierte un problema ocasional en uno crónico. Muchos perros que “siempre tienen problemas de glándulas” llegaron ahí tras meses de vaciados caseros mal hechos.

Hay un segundo motivo, menos evidente. Vaciarlas de forma rutinaria cuando no hace falta puede volverlas dependientes de ese vaciado. Si se interviene una y otra vez sobre glándulas que funcionaban bien, se altera el mecanismo natural y el perro acaba necesitando que se las vacíen. Quien decide si hay que vaciarlas, cuándo y cada cuánto es el veterinario, después de explorar a tu perro.

Lo que sí puedes hacer en casa

Tu trabajo no es vaciarlas, sino quitarles las razones para taponarse.

Consolida las heces. Es la medida con más impacto. Habla con tu veterinario sobre el alimento y sobre cómo ajustar la fibra: el objetivo es una popó firme que ejerza presión al salir. Qué añadir y cuánto se decide en consulta.

Controla el peso. Un perro en su condición corporal ideal drena mejor. Si le sobran kilos, un plan supervisado suele mejorar el problema de paso.

Mantén la zona limpia. En perros de pelo largo, un recorte higiénico alrededor del ano evita restos y pelo enredado, que ya provocan picor por sí solos.

Busca la alergia de fondo. Si el problema vuelve cada pocas semanas, probablemente haya una dermatitis alérgica detrás. Tratar solo las glándulas es apagar el humo sin apagar el fuego.

Observa y anota. Cuándo se arrastra, cómo son las heces, si hay olor. Vale mucho en la consulta.

Cuando el problema se repite

En algunos perros esto vuelve cada pocos meses pese a haber trabajado la dieta, el peso y las alergias. Ahí el veterinario valora un abordaje distinto: tratamientos locales, un plan de revisiones o, en casos muy concretos, la extirpación quirúrgica de los sacos anales.

Esa cirugía existe y en el perro adecuado puede cerrar el problema para siempre, pero tiene riesgos propios y solo se plantea cuando todo lo demás se ha intentado. Es una decisión del veterinario, con la historia clínica delante.

Si tu perro arrastra el trasero, deja de asumir que son lombrices y pide una revisión: es una molestia real, tiene causa concreta y casi siempre se resuelve bien a tiempo.

Revisión: contenido revisado por Equipo veterinario Experto en Mascotas. Esta información es educativa y no sustituye la consulta veterinaria.

Preguntas frecuentes

¿Que mi perro arrastre el trasero significa que tiene lombrices?

Casi nunca. Es la primera explicación que se le ocurre a todo el mundo, pero la causa más frecuente son las glándulas anales llenas o impactadas. Los parásitos pueden dar picor en la zona, aunque suelen acompañarse de otras señales como diarrea, pelaje opaco o pérdida de peso.

¿Puedo exprimirle las glándulas anales a mi perro en casa?

No es recomendable. Hacerlo mal daña un tejido muy delicado, provoca inflamación y puede dejar cicatrices que empeoran el problema a largo plazo. Además, vaciarlas cuando no hace falta puede volverlas dependientes de ese vaciado. Es el veterinario quien decide si hay que hacerlo y con qué frecuencia.

¿Cada cuánto hay que vaciar las glándulas anales de un perro?

No existe una frecuencia fija ni universal. La mayoría de los perros nunca necesitan que se las vacíen porque se drenan solas al defecar. Solo los perros con problemas repetidos requieren revisiones periódicas, y el intervalo lo marca el veterinario según cada caso.

¿Por qué mi perro huele a pescado?

Ese olor tan característico y penetrante suele venir de la secreción de las glándulas anales. Puede aparecer cuando el perro se asusta y las vacía de golpe, o de forma constante cuando están llenas, irritadas o infectadas. Si el olor es persistente, conviene revisarlo.

¿El problema de glándulas anales se puede prevenir?

No siempre, porque hay una predisposición individual, pero sí se puede reducir mucho. Consolidar las heces trabajando la dieta con el veterinario, mantener un peso adecuado y controlar las alergias de piel son las tres medidas con más impacto real.

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